miércoles, 30 de marzo de 2016

Este sistema se acaba

Autora: Lorena Costas Caride

“Este sistema se acaba”. Esa es quizá, la afirmación que no nos acabamos de creer. La verdad que rechazamos en favor de la negación más utópica y conformista. “El sistema de vida occidental se agota”, recalca José Luis Sampedro, catedrático y profesor de estructura económica. Y nosotros, personas con capacidad de raciocinio, lo escuchamos pero miramos para otro lado. Quizá pensemos en ello cuando se produce alguna llamada de atención por parte de la naturaleza, o cuando la televisión emite alguna imagen sensacionalista, clamando el interés emocional de un público que hoy llora y mañana ríe. Sin embargo, viajamos a bordo del mejor barco en dirección a ninguna parte. Un Titanic, cuyo destino no será una playa de aguas cristalinas ni una ciudad llena de posibilidades. Navegamos a la deriva, y algún día, nos tragará la tormenta. Ya que, siguiendo las líneas de pensamiento de Sampedro, estamos ante un modelo de construcción social imperialista, en el cual, la regeneración natural de los recursos que se utilizan, se vuelve imposible. Es lo que de forma teórica, se podría denominar, un “modelo incontrolado” donde prima el desarrollo económico no sostenible.
La pregunta del millón en este caso es “¿cómo se para?”, a lo que Sampedro responde: “no se para por la razón, sino por el desastre”. Dicho de otro modo, las políticas actuales colocan el medioambiente al final de su lista de objetivos gubernamentales, ya que, estamos ante una alternativa de cambio que no genera beneficios económicos a corto plazo. Por ende, vuelcan sus esfuerzos en un mercado que crece hacia ninguna parte, recordándome una frase tan repetida en mi casa “Pan para hoy, hambre para mañana”. Es decir, lo que hoy tenemos como seguro, mañana podría convertirse en cenizas si no sopesamos la metodología de nuestras acciones.
Por otra parte, me ha sorprendido la esquemática analogía de Sampedro sobre la comercialización y producción actual. Ya que, según este autor, se advierte un mercado que crea los productos, y luego, inventa las necesidades a las que estos darían respuesta. Podemos observar como el objetivo no es mejorar la calidad de vida de las personas, sino generar una forma de producción, que fomente una actitud consumista en base a sentimientos de necesidades materiales infundadas y ficticias. Dicho de otro modo, no se alude a la necesidad objetiva de un producto, sino a la falsa quimera  que nos proporciona el fenómeno del consumismo en nuestras vidas.
En conclusión, somos esclavos y esclavas de nuestra propia forma de vida, y aun sabiendo que esta acabará matándonos, tenemos la capacidad de no hacer un mínimo esfuerzo. En mi opinión, si desatamos poco a poco, los nudos de un sistema opresivo de compra y venta, podremos generar una forma de pensamiento más libre, a través de la cual, las políticas de hoy en día, deban readaptarse a nuestra capacidad innovadora de vivir por nosotros y nosotras mismas sin dependencia material, modificando de esta manera, el modelo de producción y consumo tan corrosivo y nocivo para el medio ambiente.





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